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Alfabetización Académica

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Orientación Vocacional

GYM

Entrenamiento Visual

LAB

Exploraciones Tridimensionales

Cronograma

Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
27
feb
Taller Feriado de carnaval
28
feb
Taller Feriado de carnaval
02
mar
Taller 18 hs • LAB
TP2 – Corrección por grupos
06
mar
Taller Paro docente
09
mar
SUM 18 hs • Muestra
Indicaciones para la muestra final
18:30 hs • LAB
Enchinchada + entrega TP2 (Shakkei)

21 hs • Cierre
Presentación de trabajos
Aula A01 20 hs • LAB – GYM
Muestra final + Presentación de maquetas

Semana de presentación de cátedras

13
mar
Expresión Gráfica I

18 hs • Arq. Gamboa
18:45 hs • Arq. Montelpare
19:15 hs • Arq. Pistone

14
mar
Materialidad I

18 hs • Arq. Di Bernardo
18:45 hs • Arq. Panvini
19:15 hs • Arq. Útges

15
mar
Introducción a la Arquitectura

18 hs • Arq. Bueno
18:45 hs • Arq. García
19:15 hs • Arq. Rois
20:15 hs • Mg. Arq. Valderrama

15
mar
Introducción a la Arquitectura

18 hs • Arq. Rainero
18:45 hs • Arq. Stoddart
19:15 hs • Dr. Arq. Carabajal
20:15 hs • Arq. Villalba

Introducción

por SERGIO BERTOZZI | Secretario Académico

El derecho a enseñar y el derecho a aprender están garantizados por el artículo 14 de la Constitución Nacional. Pero para que un derecho signifique algo, el Estado debe proveer los recursos para que pueda ser ejercido plenamente por todos los ciudadanos. La Universidad Nacional de Rosario es una universidad pública, gestionada y financiada por el Estado Nacional. Esta condición es necesaria para que pueda ofrecer carreras universitarias no aranceladas con ingreso irrestricto. Sin embargo, la “gratuidad” no garantiza que todos los ciudadanos puedan acceder a esta, a pesar que el sistema se financia con impuestos y no con tasas. La diferencia no es menor, porque los impuestos los pagamos todos independientemente de quien recibe los beneficios, mientras que las tasas se cobran en forma directa y proporcional a quienes reciben los beneficios. Si toda la sociedad paga impuestos para sostener a la universidad pública de gestión estatal, toda la sociedad debería tener garantizado el derecho a estudiar en ella. Sin embargo eso no sucede. Todos pagamos impuestos porque estos gravan todos los bienes y servicios que consumimos o utilizamos, incluyendo los más elementales, y por lo tanto nadie queda exceptuado, pero no todos pueden acceder a la universidad. Solo quienes cuentan con recursos económicos suficientes pueden hacerlo.

Esto da cuenta de un grado de inequidad. Basta ponerse en el lugar de quienes, al terminar la escuela secundaria, no pueden optar por hacer una carrera universitaria porque no tienen otra opción que trabajar todo el día para poder sobrevivir en una sociedad desigual, que da oportunidades a unos al mismo tiempo que se las niega a otros –generalmente a los que tienen menos o no tienen nada?, para verificar la inequidad. Basta darse cuenta que quien está leyendo esto, lo está haciendo porque tiene la oportunidad de hacer una carrera universitaria. Al poder optar, ha podido ejercer su derecho a decidir lo que quiere hacer en la vida. Pero ese derecho a educarse, que equivale a crecer y a salir de la mediocridad, lo obliga a hacerse cargo de la responsabilidad concomitante que todo derecho implica. El ejercicio de este y las obligaciones que trae aparejado -diría Friedrich Nietzsche- están “atados juntos con un cordel, de tal manera que quien quiera poseer cuanto sea posible del uno también tenga que poseer cuanto sea posible del otro”.

La responsabilidad de un estudiante universitario es educarse. Para ello es menester valorar el conocimiento y desear aprehenderlo. Esas son las únicas condiciones que le pone la universidad a quien voluntariamente ingresa en ella, porque esas son las condiciones que le exige la sociedad a quien es destinatario de sus esfuerzos, ya que ella está pagando su educación -aun cuando muchos de sus propios hijos no puedan acceder a ella-, con la esperanza de un país mejor, en el que mañana la inequidad sea un rasgo del pasado y no una realidad del presente.

Argentina es actualmente la nación latinoamericana en la que los jóvenes tienen más oportunidades para acceder a la educación superior. Aun así, quienes tienen esa oportunidad representan menos del cuarenta por ciento de la población de jóvenes de entre 17 y 24 años. Solo 1,9 millones de 5,4 millones cursa estudios en una universidad (tasa bruta universitaria 37,8%, datos SPU, 2014). Es decir que, por cada estudiante universitario -por cada uno de ustedes-, existen casi dos jóvenes argentinos de entre 17 y 24 años que no han podido ni podrán estudiar en una universidad.

Estudiar arquitectura en Argentina, en una universidad de gestión privada, tenía en 2016 un costo anual promedio de 56.000 pesos. Pero estudiar arquitectura en Chile, donde la universidad pública está arancelada y el estado financia el 17% de su presupuesto total, era en 2016 de 4.200 dólares anuales en la Universidad del Bío Bío (Concepción); 5.301 dólares en la Universidad de Chile (Santiago); o 5.700 dólares en la Pontificia Universidad Católica de Chile (Santiago). En Europa las matrículas oscilan entre 1.200 y 6.000 euros anuales o semestrales, dependiendo de las universidades y los países, en tanto que en los Estados Unidos, los valores van desde ocho a 20 mil dólares por semestre, o más, dependiendo de la universidad. Esto explica por una parte la creciente afluencia de jóvenes que vienen a estudiar a las universidades argentinas, provenientes de diferentes países latinoamericanos en los que a sola excepción de Argentina y Uruguay, la educación superior está fuertemente arancelada y/o el ingreso está restringido. Estos datos, por otra parte, solo pretenden demostrar que el acceso a la universidad es hoy un privilegio que debe ser valorado en ese contexto, y a la vez pone en evidencia la responsabilidad que le cabe a quien lo tiene, a quien puede ejercer plenamente ese derecho. Es en ese marco donde la “gratuidad” del sistema argentino debe ser valorada. Quien tiene la posibilidad de elegir, de decidir dedicarse a hacer una cosa y no otra -en este caso nada menos que una carrera universitaria-, quien puede ejercer esa elección porque cuenta con el respaldo y los recursos necesarios que le provee, en primera instancia su propia familia y/o su trabajo, y en segundo orden el Estado, hoy es un privilegiado. Y de ello derivan las responsabilidades que tiene: no desperdiciar la oportunidad y alcanzar la meta con el máximo rendimiento académico, ya que si bien el tema que nos ocupa el ingreso, es necesario advertir que solo uno de cada tres ingresantes se gradúa (datos SPU, 2014).

Sarmiento afirmó: “El poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen. Y la educación pública no debe tener otro fin que el aumentar esta fuerza de producción, de acción y de dirección, aumentando cada vez más el número de individuos que la posean”. Sarmiento comprendía claramente que democracia y educación estaban, parafraseando a Nietzsche, atadas juntas con un cordel, y que el único modo de no acabar siendo un país democrático pero dependiente, era educando al soberano, es decir, aumentando constantemente el número de individuos que accedieran a la educación.

Nuestra carrera de arquitectura fue creada en 1923, en la entonces Facultad de Ciencias Matemáticas, Físico-Químicas y Naturales aplicadas a la Industria, en la Universidad Nacional de Litoral, creada a su vez en 1919. En el período 1923-2013 se graduaron 7.737 arquitectos, pero muchos más son los jóvenes que pasaron por los talleres de la escuela sin llegar a hacerlo. Diferentes razones lo impidieron, pero quien ingresa a nuestra Facultad debe saber -y este es el momento más adecuado para enterarse-, que hacer una carrera universitaria exige, como condición primera y excluyente, convertirse en universitario, aprestarse para una etapa de la vida que es muy diferente de la precedente y que demanda autonomía, esfuerzo y, sobre todo, responsabilidad social. A cambio depara experiencias a través de las cuales se forman hombres y mujeres pensantes, críticos, y solidarios, en el marco de una institución desde la cual es posible y es necesario dar respuesta a los problemas de la sociedad. La misma sociedad que paga para sostenerla.

Objetivos

  • Contribuir a la transición del estudiante, dotándolo de la información necesaria para acompañar el proceso.
  • Generar identificación con el ámbito académico, con el espacio de trabajo, con la universidad y con los profesores.
  • Reflexionar sobre la elección de la carrera y sobre los diferentes caminos posibles en la vida profesional de acuerdo a intereses, preferencias y habilidades.
  • Generar autonomía y reconocimiento con los espacios de trabajo y con la modalidad de taller como dispositivo pedagógico.
  • Acercar al alumno al uso de los instrumentos de dibujo y maquetación.
  • Introducir al estudiante a la lectura de textos académicos, al uso del diccionario y al modo de citar y referenciar bibliografía.
  • Replicar diferentes modalidades de trabajo individual y en grupos de acuerdo a lo que será a lo largo de la carrera, generando un vínculo e identificación con sus pares y midiendo sus destrezas y habilidades.
  • Dar a conocer y atravesar las diferentes modalidades de evaluación: enchinchaday entrega final, características de la carrera.
  • Facilitar el proceso de afiliación2 de los estudiantes, conociendo las reglas institucionales.
  • Conocer la estructura política de gobierno de la universidad y las diferentes agrupaciones estudiantiles, el sistema de elecciones del centro de estudiantes y consejo directivo.
  • Comenzar el proceso de alfabetización académica3 con las implicancias discursivas, metodológicas y administrativas que esto requiera.

1) O “encintada” proceso de exposición de los trabajos en los que se realiza la defensa/exposición oral por parte de los estudiantes recibiendo una devolución/corrección/crítica de los docentes o jurado invitado.
2) Coulon. Tres instancias en la inserción a la universidad: alienación (entrada al universo desconocido) aprendizaje (definición de estrategias para la adaptación progresiva) afiliación (dominio de las reglas institucionales)
3) Conjunto de nociones y estrategias necesarias para participar en la cultura discursiva de las disciplinas así como en las actividades de producción y análisis de textos requeridos para aprender en la universidad. Paula Carlino “Escribir, leer y aprender en la universidad”. Fondo de Cultura Económica.