Cronograma

18 de febrero al 15 de marzo • lunes a viernes • 18 hs

Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
18
feb
SUM » Presentación general 
Taller » Presentación docentes y estudiantes.
» Conversación grupal «La Facultad, expectativas y temores»
19
feb
Taller Conversación grupal desde los aportes de los estudiantes
«Qué es la arquitectura?»
Taller Presentación TP1: «Observar arquitectura»
» Presentación del sector (planos y fotos), objetivos y organización.
20
feb
Sitio Visita al sitio
» Encuentro, recorrida, explicaciones del docente, diálogos, toma de fotografías y croquis.
21
feb
Taller » Trabajo en tableros sobre fotografías y croquis.
» Conversaciones y debates.
» Armado de láminas. Preparación muestra.
» Tarea para el martes: 3 definiciones de arquitectura, en lámina.
22
feb
SUM Información + presentación de espacios / servicios de la Facultad y la UNR
25
feb
Taller » Trabajo en tableros sobre TP1
SUM » Muestra TP1
26
feb
SUM » Mesa redonda
«¿Qué es la Arquitectura?»
Taller » Exposición definiciones de arquitectura
» Confrontación con la charla y lo experimentado en el sector urbano
27
feb
Taller TP2 «Proponer arquitectura»
»
Presentación del docente, trabajo por grupos para elaboración de propuestas
» Debate en plenario
28
feb
Taller Nuevos debates
»
Acuerdos de trabajos por grupos, por sectores o temáticas, etc.
» Apoyo docente en tableros
» Introducción práctica básica en modos de representación
1
mar
SUM Información + presentación de espacios / servicios de la Facultad y la UNR
4
mar
Feriado de Carnaval
5
mar
Feriado de Carnaval
6
mar
SUM TP2: Mesa redonda
«Arquitectura y modos de representación»
Taller TP2
Trabajo en tablero sobre propuestas de los grupos
7
mar
SUM » Mesa redonda de estudiantes
«Nuestra Facultad y la universidad pública»
Taller Conversaciones acerca de nuestra Facultad
8
mar
SUM TP2: Mesa redonda
«Arquitectura y política en la ciudad y el territorio»
Taller TP2
Trabajo en tablero sobre propuestas de los grupos
11
mar
Taller Conversación grupal desde los aportes de los estudiantes
«¿Qué es la universidad?»
SUM Mesa redonda de docentes
«Universidad y sociedad»
12
mar
Taller Trabajos en tablero sobre TP2
13
mar
SUM » Mesa redonda
«Ser arquitecto hoy»
Taller » Trabajo sobre entrevistas a arquitectos
» Conversación grupal
14
mar
Taller Trabajos en tablero sobre TP2
15
mar
SUM Muestra final y cierre

Introducción

por SERGIO BERTOZZI | Secretario Académico

El derecho a enseñar y el derecho a aprender están garantizados por el artículo 14 de la Constitución Nacional. Pero para que un derecho signifique algo, el Estado debe proveer los recursos para que pueda ser ejercido plenamente por todos los ciudadanos. La Universidad Nacional de Rosario es una universidad pública, gestionada y financiada por el Estado Nacional. Esta condición es necesaria para que pueda ofrecer carreras universitarias no aranceladas con ingreso irrestricto. Sin embargo, la “gratuidad” no garantiza que todos los ciudadanos puedan acceder a esta, a pesar que el sistema se financia con impuestos y no con tasas. La diferencia no es menor, porque los impuestos los pagamos todos independientemente de quien recibe los beneficios, mientras que las tasas se cobran en forma directa y proporcional a quienes reciben los beneficios. Si toda la sociedad paga impuestos para sostener a la universidad pública de gestión estatal, toda la sociedad debería tener garantizado el derecho a estudiar en ella. Sin embargo eso no sucede. Todos pagamos impuestos porque estos gravan todos los bienes y servicios que consumimos o utilizamos, incluyendo los más elementales, y por lo tanto nadie queda exceptuado, pero no todos pueden acceder a la universidad. Solo quienes cuentan con recursos económicos suficientes pueden hacerlo.

Esto da cuenta de un grado de inequidad. Basta ponerse en el lugar de quienes, al terminar la escuela secundaria, no pueden optar por hacer una carrera universitaria porque no tienen otra opción que trabajar para poder sobrevivir en una sociedad desigual, que da oportunidades a unos al mismo tiempo que se las niega a otros -generalmente a los que tienen menos o no tienen nada-, para verificar la inequidad. Basta darse cuenta que quien está leyendo esto, lo está haciendo porque tiene la oportunidad de hacer una carrera universitaria. Al poder optar, ha podido ejercer su derecho a decidir lo que quiere hacer en la vida. Pero ese derecho a educarse, que equivale a crecer y a salir de la mediocridad, lo obliga a hacerse cargo de la responsabilidad concomitante que todo derecho implica. El ejercicio de este y las obligaciones que trae aparejado -diría Friedrich Nietzsche- están “atados juntos con un cordel, de tal manera que quien quiera poseer cuanto sea posible del uno también tenga que poseer cuanto sea posible del otro”.

La responsabilidad de un estudiante universitario es valorar el conocimiento y desear aprehenderlo. Esas son las únicas condiciones que le pone la universidad a quien voluntariamente ingresa en ella, porque esas son las condiciones que le exige la sociedad a quien es destinatario de sus esfuerzos, ya que ella está pagando su educación -aun cuando muchos de sus propios hijos no puedan acceder a ella-, con la esperanza de un país mejor, en el que mañana la inequidad sea un rasgo del pasado y no una realidad del presente.

Argentina es actualmente la nación latinoamericana en la que los jóvenes tienen más oportunidades para acceder a la educación superior. Aun así, quienes tienen esa oportunidad representan menos del cuarenta por ciento de la población de jóvenes de entre 17 y 24 años. Solo 1,9 millones de 5,4 millones cursa estudios en una universidad (datos SPU, 2016). Es decir que, por cada estudiante universitario -por cada uno de ustedes-, existen casi dos jóvenes argentinos de entre 17 y 24 años que no han podido ni podrán estudiar en una universidad.

Estudiar arquitectura en Argentina, en una universidad de gestión privada, tendrá en 2018 un costo anual de entre 3,400 y 8,500 dólares. Pero estudiar arquitectura en Santiago de Chile, donde la universidad pública está arancelada y el estado financia el 17% de su presupuesto total, costará en 2018 desde 5,914 dólares anuales en la Universidad de Chile, a 8,775 dólares anuales en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En Europa las matrículas varían mucho, dependiendo de diversos factores y van desde 350 a 6.000 euros anuales, en tanto que en los Estados Unidos, los valores van desde ocho a 20 mil dólares por semestre, o más, dependiendo de la universidad. Esto explica por una parte la creciente afluencia de jóvenes que vienen a estudiar a las universidades argentinas, provenientes de diferentes países latinoamericanos en los que a sola excepción de Argentina y Uruguay, la educación superior está fuertemente arancelada y/o el ingreso está muy restringido, como en el caso de las universidades estaduales y federales de Brasil. Estos datos, por otra parte, solo pretenden demostrar que el acceso a la universidad es hoy un privilegio que debe ser valorado en ese contexto, y a la vez pone en evidencia la responsabilidad que le cabe a quien lo tiene, a quien puede ejercer plenamente ese derecho. Es en ese marco donde la “gratuidad” del sistema argentino debe ser valorada. Quien tiene la posibilidad de elegir, de decidir dedicarse a hacer una cosa y no otra -en este caso nada menos que una carrera universitaria-, quien puede ejercer esa elección porque cuenta con el respaldo y los recursos necesarios que le provee, en primera instancia su propia familia y/o su trabajo, y en segundo orden el Estado, hoy es un privilegiado. Y de ello derivan las responsabilidades que tiene: no desperdiciar la oportunidad y alcanzar la meta con el máximo rendimiento académico, ya que si bien el tema que nos ocupa es el ingreso a la universidad, es necesario advertir que solo uno de cada tres ingresantes, se gradúa.

Sarmiento afirmó: “El poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen. Y la educación pública no debe tener otro fin que el aumentar esta fuerza de producción, de acción y de dirección, aumentando cada vez más el número de individuos que la posean”. Sarmiento comprendía claramente que democracia y educación estaban, parafraseando a Nietzsche, atadas juntas con un cordel, y que el único modo de no acabar siendo un país democrático pero dependiente, era educando al soberano, es decir, aumentando constantemente el número de individuos que accedieran a la educación.

Nuestra carrera de arquitectura fue creada en 1923, en la entonces Facultad de Ciencias Matemáticas, Físico-Químicas y Naturales aplicadas a la Industria, en la Universidad Nacional de Litoral, creada a su vez en 1919. En el período 1923-2015 se graduaron 8,286 arquitectos, pero muchos más son los jóvenes que pasaron por los talleres de la escuela sin llegar a hacerlo. Diferentes razones lo impidieron, pero quien ingresa a nuestra Facultad debe saber -y este es el momento más adecuado para enterarse-, que hacer una carrera universitaria exige, como condición primera y excluyente, convertirse en universitario, aprestarse para una etapa de la vida que es muy diferente de la precedente y que fundamentalmente demanda autonomía, esfuerzo y, sobre todo, responsabilidad social. A cambio depara experiencias a través de las cuales se forman hombres y mujeres pensantes, críticos, y solidarios, en el marco de una institución desde la cual es posible y es necesario dar respuesta a los problemas de la sociedad. La misma sociedad que paga para sostenerla.

Sergio Bertozzi
Secretario Académico FAPyD UNR

La persona y la Arquitectura

por DARÍO JIMÉNEZ | Coordinador CAU 2019

“Dar un pasito en la arquitectura, o en cualquier campo de la cultura, es muy difícil. Ante la sociedad tenemos la responsabilidad de ser críticos, de cuestionar lo que no funciona. Pero lo que proponemos debe funcionar también. Y creo que lo que se asienta en los lugares es lo más natural. Al final, el proyecto parte de la tierra y debe pertenecer a ese lugar. Cuando el arquitecto aparece demasiado en su obra, el edificio tiende a desarraigarse del lugar. Construimos nuestros proyectos para que se queden, no para anunciar que hemos llegado. La arquitectura con firma no me interesa.

(…) Creo que la forma en la que proyectas es la forma en que eres. Y entiendo que la persona se forma antes de ser arquitecto”.

José María Sánchez García1

Sánchez García, con decenas de premios nacionales e internacionales, es una figura destacada entre los arquitectos jóvenes surgidos en este siglo, en España y el mundo. Y en aquella entrevista de 2011, con apenas 34 años, completaba lo expresado en la cita previa diciendo “lo que diferencia a un arquitecto de otro es la parte que tienen los arquitectos antes de serlo, las experiencias previas, que terminan definiendo tu trabajo”. Y cuando le preguntan si se refiere a la infancia, contesta: “Y a la juventud. Las mías, muy ligadas al campo, a un pueblo, a otros oficios que poco tienen que ver con la arquitectura. Yo con 18 años apenas había salido de Extremadura”.

Dejamos al personaje, para profundizar desde lo que sugieren sus palabras. En el tono distendido de la entrevista no hay una definición académica o científica de lo que es la Arquitectura, pero sí pronunciamientos claros. Por un lado, entender la disciplina inserta en el vasto mundo de la cultura la que -aquí interpretamos nosotros- no es reducida a la antigua concepción elitista de lo cultural, sino en tanto expresión y modo de vida de una sociedad, o de un pueblo: si no, no declararía “la arquitectura con firma no me interesa”. Desde ese posicionamiento, la referencia a la calidad de lo producido arquitectónicamente -más allá de que “debe funcionar”- es su surgimiento y pertenencia al “lugar” donde se implanta. Eso dispara múltiples pensamientos más: lo que se entiende por “lugar”, la pluralidad de formas, materiales, espacialidades posibles que se abren desde la creatividad de cada arquitecto según su propia concepción de lugar… Y también, sin proponer una relación simplista, mediante la extensión del concepto de lugar que, partiendo de sus aspectos físicos, incluye las dimensiones sociales, culturales, y políticas que necesariamente lo complementan y con las cuales la arquitectura establece relaciones.

Decimos estas palabras en el contexto de la presentación del sitio web del Curso de Aprestamiento Universitario 2019, para estudiantes ingresantes a la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Y pensamos que -más allá del interés acerca de estos pensamientos sobre la arquitectura, carrera elegida- resonarán en los ingresantes las palabras de Sánchez García cuando dice “yo con 18 años apenas había salido de Extremadura”. Imaginamos que muchos, con edades parecidas, podrán afirmar que apenas salieron de su provincia de Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires o Córdoba; y, quizás, de su pueblo, zona rural, o de la misma Rosario. Paradójicamente, lo que podría verse como una condición negativa -y en nuestra cultura contemporánea, disparadora de sentimientos de inferioridad- en este razonamiento es la mayor potencia: la arquitectura, como cualquier creación cultural, sólo puede desarrollarse genuinamente desde lo que uno es o, en las producciones colectivas, desde lo que somos.

Pensamos a este Curso destinado a personas con historia, experiencias y saberes respecto de la vida en general y, por qué no, de la arquitectura: nadie elige una carrera desde el desconocimiento absoluto de la misma. Luego la Universidad les proporcionará nuevos conocimientos, excelencia académica, rigor científico, confrontación de posiciones, especialidades. Para adentrarse en este mundo será necesaria una ardua dedicación, la que será alimentada -indispensablemente- por el entusiasmo de poder estudiar y dedicarse en un futuro a la disciplina abrazada. Pero siempre y necesariamente, fieles y acorde a cada uno, su propio ser y su propia historia. Con el ánimo de respetar y potenciar a la personalidad y la persona de cada uno de ustedes, queridos ingresantes, sean bienvenidos a nuestra Facultad.

1) Declaraciones de su entrevista publicada por el diario El País, Madrid, España, el 4 de septiembre de 2011. Disponible en versión digital aquí.

Darío Jiménez
Coordinador Curso de Aprestamiento Universitario 2019

Principales

  • Producir en los estudiantes una experiencia colectiva de “encuentro” con la disciplina arquitectónica en sus facetas primordiales: el reconocimiento por medio de la observación de sus dimensiones físicas y sociales -materializadas en un lugar urbano- y la formulación de una intervención material transformadora en dicho lugar a partir de una mirada interpretativa y crítica.
  • Madurar y profundizar las concepciones de los estudiantes acerca de la vida universitaria y el estudio de la Arquitectura, por medio de la verbalización de los imaginarios previos y su interpelación y maduración a partir de los aportes de docentes, profesionales y estudiantes avanzados en relación a la problemática.

Complementario

  • Lograr la adquisición de parte de los estudiantes ingresantes de información de diversa índole que les permita desenvolverse con la mayor naturalidad posible en su nueva realidad de estudiantes de Arquitectura de la UNR.

Decano
Mg. Arq. Adolfo del Rio

Vicedacana
Mg. Arq. Ana Valderrama

Secretario Académico
Arq. Sergio Gustavo Bertozzi

Secretaria de Autoevaluación
Arq. Bibiana Ada Ponzini

Secretario de Asuntos Estudiantiles
Arq. Damián Ángel Villar

Secretario de Extensión Universitaria
Arq. Lautaro Dattilo

Secretaria de Postgrado
Dra. Arq. Jimena Paula Cutrúneo

Secretaria de Ciencia y Tecnología
Dra. Arq. Bibiana Cicutti

Secretario Financiero
Cont. Jorge Luis Rasines

Secretaria Técnica
Arq. María Teresa Costamagna

Director General Administración
CPN Diego Furrer

Contenidos y coordinación
Curso de Aprestamiento Universitario

Arq. Darío Jiménez

Desarrollo de Contenidos Interactivos
Dirección de Comunicación

Producción de Contenidos
Lic. María Victoria González

Desarrollo Web
Esteban López Adriano

Diseño Gráfico
Carla Galmes Aguzzi