Cronograma

Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
19
feb
SUM 18 hs • Inicio
División en comisiones
19 hs • GYM
TP1 Línea

Taller GYM
Inicio TP1
23
feb
SUM 18 hs
Presentación trabajo con tutores
Taller Trabajo con tutores
por comisiones
15
mar
A01 18 hs • LAB
Muestra final
A01 20 hs 
Cierre CAU
16
mar
SUM 18 hs
Presentación cátedras
Expresión Gráfica y Materialidad

Introducción

por SERGIO BERTOZZI | Secretario Académico

El derecho a enseñar y el derecho a aprender están garantizados por el artículo 14 de la Constitución Nacional. Pero para que un derecho signifique algo, el Estado debe proveer los recursos para que pueda ser ejercido plenamente por todos los ciudadanos. La Universidad Nacional de Rosario es una universidad pública, gestionada y financiada por el Estado Nacional. Esta condición es necesaria para que pueda ofrecer carreras universitarias no aranceladas con ingreso irrestricto. Sin embargo, la “gratuidad” no garantiza que todos los ciudadanos puedan acceder a esta, a pesar que el sistema se financia con impuestos y no con tasas. La diferencia no es menor, porque los impuestos los pagamos todos independientemente de quien recibe los beneficios, mientras que las tasas se cobran en forma directa y proporcional a quienes reciben los beneficios. Si toda la sociedad paga impuestos para sostener a la universidad pública de gestión estatal, toda la sociedad debería tener garantizado el derecho a estudiar en ella. Sin embargo eso no sucede. Todos pagamos impuestos porque estos gravan todos los bienes y servicios que consumimos o utilizamos, incluyendo los más elementales, y por lo tanto nadie queda exceptuado, pero no todos pueden acceder a la universidad. Solo quienes cuentan con recursos económicos suficientes pueden hacerlo.

Esto da cuenta de un grado de inequidad. Basta ponerse en el lugar de quienes, al terminar la escuela secundaria, no pueden optar por hacer una carrera universitaria porque no tienen otra opción que trabajar para poder sobrevivir en una sociedad desigual, que da oportunidades a unos al mismo tiempo que se las niega a otros -generalmente a los que tienen menos o no tienen nada-, para verificar la inequidad. Basta darse cuenta que quien está leyendo esto, lo está haciendo porque tiene la oportunidad de hacer una carrera universitaria. Al poder optar, ha podido ejercer su derecho a decidir lo que quiere hacer en la vida. Pero ese derecho a educarse, que equivale a crecer y a salir de la mediocridad, lo obliga a hacerse cargo de la responsabilidad concomitante que todo derecho implica. El ejercicio de este y las obligaciones que trae aparejado -diría Friedrich Nietzsche- están “atados juntos con un cordel, de tal manera que quien quiera poseer cuanto sea posible del uno también tenga que poseer cuanto sea posible del otro”.

La responsabilidad de un estudiante universitario es valorar el conocimiento y desear aprehenderlo. Esas son las únicas condiciones que le pone la universidad a quien voluntariamente ingresa en ella, porque esas son las condiciones que le exige la sociedad a quien es destinatario de sus esfuerzos, ya que ella está pagando su educación -aun cuando muchos de sus propios hijos no puedan acceder a ella-, con la esperanza de un país mejor, en el que mañana la inequidad sea un rasgo del pasado y no una realidad del presente.

Argentina es actualmente la nación latinoamericana en la que los jóvenes tienen más oportunidades para acceder a la educación superior. Aun así, quienes tienen esa oportunidad representan menos del cuarenta por ciento de la población de jóvenes de entre 17 y 24 años. Solo 1,9 millones de 5,4 millones cursa estudios en una universidad (datos SPU, 2016). Es decir que, por cada estudiante universitario -por cada uno de ustedes-, existen casi dos jóvenes argentinos de entre 17 y 24 años que no han podido ni podrán estudiar en una universidad.

Estudiar arquitectura en Argentina, en una universidad de gestión privada, tendrá en 2018 un costo anual de entre 3,400 y 8,500 dólares. Pero estudiar arquitectura en Santiago de Chile, donde la universidad pública está arancelada y el estado financia el 17% de su presupuesto total, costará en 2018 desde 5,914 dólares anuales en la Universidad de Chile, a 8,775 dólares anuales en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En Europa las matrículas varían mucho, dependiendo de diversos factores y van desde 350 a 6.000 euros anuales, en tanto que en los Estados Unidos, los valores van desde ocho a 20 mil dólares por semestre, o más, dependiendo de la universidad. Esto explica por una parte la creciente afluencia de jóvenes que vienen a estudiar a las universidades argentinas, provenientes de diferentes países latinoamericanos en los que a sola excepción de Argentina y Uruguay, la educación superior está fuertemente arancelada y/o el ingreso está muy restringido, como en el caso de las universidades estaduales y federales de Brasil. Estos datos, por otra parte, solo pretenden demostrar que el acceso a la universidad es hoy un privilegio que debe ser valorado en ese contexto, y a la vez pone en evidencia la responsabilidad que le cabe a quien lo tiene, a quien puede ejercer plenamente ese derecho. Es en ese marco donde la “gratuidad” del sistema argentino debe ser valorada. Quien tiene la posibilidad de elegir, de decidir dedicarse a hacer una cosa y no otra -en este caso nada menos que una carrera universitaria-, quien puede ejercer esa elección porque cuenta con el respaldo y los recursos necesarios que le provee, en primera instancia su propia familia y/o su trabajo, y en segundo orden el Estado, hoy es un privilegiado. Y de ello derivan las responsabilidades que tiene: no desperdiciar la oportunidad y alcanzar la meta con el máximo rendimiento académico, ya que si bien el tema que nos ocupa es el ingreso a la universidad, es necesario advertir que solo uno de cada tres ingresantes, se gradúa.

Sarmiento afirmó: “El poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen. Y la educación pública no debe tener otro fin que el aumentar esta fuerza de producción, de acción y de dirección, aumentando cada vez más el número de individuos que la posean”. Sarmiento comprendía claramente que democracia y educación estaban, parafraseando a Nietzsche, atadas juntas con un cordel, y que el único modo de no acabar siendo un país democrático pero dependiente, era educando al soberano, es decir, aumentando constantemente el número de individuos que accedieran a la educación.

Nuestra carrera de arquitectura fue creada en 1923, en la entonces Facultad de Ciencias Matemáticas, Físico-Químicas y Naturales aplicadas a la Industria, en la Universidad Nacional de Litoral, creada a su vez en 1919. En el período 1923-2015 se graduaron 8,286 arquitectos, pero muchos más son los jóvenes que pasaron por los talleres de la escuela sin llegar a hacerlo. Diferentes razones lo impidieron, pero quien ingresa a nuestra Facultad debe saber -y este es el momento más adecuado para enterarse-, que hacer una carrera universitaria exige, como condición primera y excluyente, convertirse en universitario, aprestarse para una etapa de la vida que es muy diferente de la precedente y que fundamentalmente demanda autonomía, esfuerzo y, sobre todo, responsabilidad social. A cambio depara experiencias a través de las cuales se forman hombres y mujeres pensantes, críticos, y solidarios, en el marco de una institución desde la cual es posible y es necesario dar respuesta a los problemas de la sociedad. La misma sociedad que paga para sostenerla.

Sergio Bertozzi
Secretario Académico

Objetivos

  • Contribuir a la transición del estudiante, dotándolo de la información necesaria para acompañar el proceso.
  • Generar identificación con el ámbito académico, con el espacio de trabajo, con la universidad y con los profesores.
  • Reflexionar sobre la elección de la carrera y sobre los diferentes caminos posibles en la vida profesional de acuerdo a intereses, preferencias y habilidades.
  • Generar autonomía y reconocimiento con los espacios de trabajo y con la modalidad de taller como dispositivo pedagógico.
  • Acercar al alumno al uso de los instrumentos de dibujo y maquetación.
  • Introducir al estudiante a la lectura de textos académicos, al uso del diccionario y al modo de citar y referenciar bibliografía.
  • Replicar diferentes modalidades de trabajo individual y en grupos de acuerdo a lo que será a lo largo de la carrera, generando un vínculo e identificación con sus pares y midiendo sus destrezas y habilidades.
  • Dar a conocer y atravesar las diferentes modalidades de evaluación: enchinchaday entrega final, características de la carrera.
  • Facilitar el proceso de afiliación2 de los estudiantes, conociendo las reglas institucionales.
  • Conocer la estructura política de gobierno de la universidad y las diferentes agrupaciones estudiantiles, el sistema de elecciones del centro de estudiantes y consejo directivo.
  • Comenzar el proceso de alfabetización académica3 con las implicancias discursivas, metodológicas y administrativas que esto requiera.

1) O “encintada” proceso de exposición de los trabajos en los que se realiza la defensa/exposición oral por parte de los estudiantes recibiendo una devolución/corrección/crítica de los docentes o jurado invitado.
2) Coulon. Tres instancias en la inserción a la universidad: alienación (entrada al universo desconocido) aprendizaje (definición de estrategias para la adaptación progresiva) afiliación (dominio de las reglas institucionales)
3) Conjunto de nociones y estrategias necesarias para participar en la cultura discursiva de las disciplinas así como en las actividades de producción y análisis de textos requeridos para aprender en la universidad. Paula Carlino “Escribir, leer y aprender en la universidad”. Fondo de Cultura Económica.

Decano
Mg. Arq. Adolfo del Rio

Vicedacana
Mg. Arq. Ana Valderrama

Secretario Académico
Arq. Sergio Gustavo Bertozzi

Secretaria de Autoevaluación
Arq. Bibiana Ada Ponzini

Secretario de Asuntos Estudiantiles
Arq. Damián Ángel Villar

Secretario de Extensión Universitaria
Arq. Lautaro Dattilo

Secretaria de Postgrado
Dra. Arq. Jimena Paula Cutrúneo

Secretaria de Ciencia y Tecnología
Dra. Arq. Bibiana Cicutti

Secretario Financiero
Cont. Jorge Luis Rasines

Secretaria Técnica
Arq. María Teresa Costamagna

Director General Administración
CPN Diego Furrer

Coordinadora Curso de Aprestamiento Universitario
Arq. Virginia Theilig

Auxiliares de Coordinación
Arq. Cristian Ariel Caturelli
Catalina Daffunchio
María Alejandra Ruiz
Gabriel Stivala

Desarrollo de Contenidos Interactivos
Dirección de Comunicación

Producción de Contenidos
Lic. María Victoria González

Desarrollo Web
Esteban López Adriano

Diseño Gráfico
Carla Galmes Aguzzi